lunes, enero 22, 2007

 

Pobreza y Desigualdad

La Nación
22. enero.2007

La pobreza y las grandes inequidades en la distribución de los ingresos resaltan en un nuevo informe de las Naciones Unidas como causas esenciales de que en América latina y el Caribe puedan ser ubicados los más altos índices de violencia contra niños y adolescentes. Datos que, por supuesto, no deberían ser pasados por alto si es que realmente tiene vigencia el propósito de encarar con firmeza la solución de uno de los más graves problemas sociales de esa región, del cual para nada está exento nuestro país. El documento, presentado en el Estudio Mundial de las Naciones Unidas 2006, plantea uno de los más grandes retos que tiene esta región, donde viven poco más de 522 millones de personas. En esta parte del mundo, considerada única por el pluralismo cultural que engloba y porque casi la mitad de su población está compuesta por menores de 18 años, se han firmado tratados internacionales, se ha convenido cumplir la Convención sobre los Derechos del Niño y hasta se han registrado iniciativas positivas. Sin embargo, nada de eso ha logrado reducir índices como aquel que revela que dos de cada tres personas de entre 5 y 17 años realizan tareas no permitidas para su edad y consideradas entre las peores formas de trabajo infantil. Para entender las razones por las cuales América latina también tiene índices de homicidios altos, apenas inferiores a los de Africa, el estudio de las Naciones Unidas detalla condiciones básicas que se ocultan tras esos indicadores. Por ejemplo, las desigualdades que se manifiestan en la distribución de los ingresos: el 40% de la población más pobre recibe el 10% del total, mientras que el 20% de la población más acomodada tiene más del 60%. Estas inequidades hacen que en la región, por ejemplo, haya unos 7 millones de chicos y adolescentes que deambulan por las calles y están vinculados con la violencia. El estudio apunta al abandono y las rencillas domésticas como razones que los empujan a huir del hogar. La desigualdad acaba por determinar la magnitud de la pobreza y la indigencia de la población. Sin embargo, la tarea de reducir la violencia no es fácil, pese a que en casi todos los países hay herramientas legales para poder hacerlo. Según el informe, pesa mucho el aspecto cultural, que hace que mucha gente no conciba que numerosas conductas cotidianas configuran maltratos contra la niñez y la adolescencia. En la mayor parte de esos casos las inconductas se materializan en privado y son negadas en público, doblez que exige pronta corrección. La Argentina no escapa al problema. Cada vez son más los chicos "de la calle". Basta ver cómo toman posesión de las esquinas, calles y avenidas más importantes y están al acecho de los conductores de vehículos para hacerles demostraciones diversas de sus destrezas, para vender algún producto en particular, pedir limosna o, en otros casos, para limpiar de manera prepotente y amenazante los parabrisas de los autos a cambio de alguna moneda. Muchos de ellos, además, inhalan sustancias tóxicas, como pegamento, o consumen alcohol en exceso u otros estupefacientes. No hay estadísticas serias sobre la cantidad de estos chicos que no asisten a la escuela o que lo hacen irregularmente y sin provecho real alguno. Con toda seguridad, la inmensa mayoría de ellos ni por error ni por casualidad se acercan, cuando menos, a un establecimiento educativo. Son frecuentes, asimismo, las mujeres que alquilan chicos recién nacidos y con éstos en brazos piden limosna haciéndose pasar por madres en desgracia. Una treta sencillamente delictiva que cada vez se practica más en ese espacio ancho y peligroso en que se mueve nuestra gente menuda, sin que la situación inquiete demasiado al resto de la sociedad. Es necesario, pues, que las autoridades elaboren planes con metas para el corto, mediano y largo plazos, y con la adecuada asignación de recursos, para brindarles a los niños, adolescentes y jóvenes alternativas superadoras que contemplen, entre otras cuestiones, educación, salud y trabajo para aquellos que puedan efectuarlo. Sólo así se los podrá sacar de la desgraciada, penosa y humillante situación en la que se encuentran y ofrecerles a cambio una vida con mejores expectativas, realmente digna.

Comments:
Suele hablarse de Pobreza y Desigualdad social como si fueran sinónimos sin embargo aunque existe una estrecha relación la primera nos lleva a una realidad muy distinta como país en dónde hay familias cuyas condiciones de vida están por debajo de lo mínimo necesario para alimentarse, acceder a la salud, poder mandar a los hijos a estudiar y contar con una vivienda digna.

Por otro lado la desigualdad puede darse en economías en que la pobreza ha sido superada coexistiendo una concentración de riquezas alternativa a las condiciones de sobrevivencia mayoritaria.

¿Porqué me parece importante hacer esta distinción? No obedece a un mero ejercicio semántico sino fundamentalmente porque es distinto dirigir políticas públicas para reducir la desigualdad social que para luchar en contra de la pobreza. En efecto la gran diferencia radica en la necesidad de saber focalizar el Gasto Social.
La Pobreza enfrenta escenarios muy distintos y se tiende a clasificar en 2 tipos de perfiles:


(i) la pobreza momentánea

(ii)la pobreza estructural


La pobreza momentánea o contingente se manifiesta cuando el sistema económico sufre procesos de ajuste que afectan a los sectores de bajos ingresos de manera más fuerte, en especial cuando afecta la generación de Empleos.
Sin embargo cuando la economía se recupera rápidamente se reinsertan en el mercado laboral y salen de su condición de pobreza.
En cambio, la pobreza estructural son sectores pobres incluso de una economía en funcionamiento óptimo en que la asistencialidad es el único recurso de sobrevivencia ya que están incapacitados para desempeñarse laboralmente.
En algunos casos esta pobreza tiene capacidades para generar sus ingresos a través de un fuerte apoyo, en otros simplemente sin una transferencia directa quedan marginados totalmente.

Estas formas de pobreza no pueden ser tratadas de manera homogénea , son realidades distintas y una política eficiente implica reconocer dicha diferenciación.

Por un lado la pobreza no será eliminada con un óptimo crecimiento del sistema económico, la llamda ley del “chorreo” ya que sólo saldrán por esta vía los Pobres no Estructurales. Considerarlo de otra forma implica reducir la pobreza como un mero desajuste que a través de la dinámica económica desaparecerá. Hemos visto que en la práctica esto no sucede y subsisten amplios sectores en la indigencia.

Es imprescindible actuar simultáneamente con tratamientos diferenciados, sobre los diferentes estamentos de la pobreza. La simultaneidad en esta materia es necesaria por sobre la secuencialidad de sectores prioritarios. Al trabajar sobre un grupo y postergar los otros, se genera un efecto cascada que conlleva la explotación de sectores más pobres que los intervenidos ( En Chile es el clásico ejemplo del ½ pollo)


A mi juicio una de las formas más adecuadas para mover el desarrollo de los sectores pobres coyunturales es organizar sus recursos de manera asociativa facilitando a las microemprendimientos acceso al crédito, al capital semilla y con una articulación de redes productivas y comerciales.
Debieramos avanzar desde una política de subsidios a otra que de fortalecimiento de unidades productivas a través del desarrollo cooperativo.

No obstante lo anterior para enfrentar la pobreza estructural se debe tener en cuenta o la necesidad de fortalecer sus capacidades más allá de transferir recursos de sunbsistencia, transformarmando los subsidios directos al consumo en recursos aplicables con fines productivos. Lo anterior es tremendamente difícil y requiere de una adecuada gradualidad que reconozca las posibilidades reales de salir del estado de indigencia como sujeto activo.A la hora de destinar los recursos del Gasto Social debemos preguntarnos si la política empleada obedece a una realidad diferenciada de la pobreza, si al reconocerla se focaliza más fuertemente en los pobres estructurales y salvaguarda los equilibrios macroeconómicos que ayuden a los pobres coyunturales a salir por sus propios medios en el contexto de una economía sana.

Por último cabe preguntarnos si el objetivo de la Política Social apunta a resolver la desigualdad o considera de manera prioritaria la reducción de la pobreza.

Los Pobres , no pueden esperar.
 
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